Afrodita nació del mar entre flores y espuma, y desde entonces la belleza le debe su nombre.
Es una corona de flores en organza y seda, de volumen generoso, que se posa en la parte alta de la cabeza como si hubiera brotado ahí mismo. Sus pétalos blancos, superpuestos en distintos tamaños, construyen una pieza escultórica que roza lo etéreo sin perder presencia.
Es para una novia que valora lo romántico llevado al extremo, los gestos florales que se convierten en declaración y la feminidad sin medias tintas. Para quien sueña con una boda de jardín, de luz natural, y quiere que su tocado sea, literalmente, el ramo que corona el look.
Afrodita es para la novia que entiende que el romanticismo, cuando es real, no pide permiso.
























